3 de marzo de 2009


Susan era una de las chicas más populares de clase.
Era guapa, alta y con el pelo castaño.
Siempre caminaba por el instituto acompañada de su novio Michael.
Llevaban juntos cuatro meses y quedaban cada sábado a la tarde para ir juntos al Pub de moda.
Tenía todo lo que quería y no le faltaba de nada.
Pero Susan no conseguía ser feliz.
Su corazón lloraba cada noche al apagar la luz.
Se estremecía con los estruendosos gritos que le proclamaba, pidiendo una atención y un cariño que Susan no sabía cómo darle.
A pesar de todos sus esfuerzos por intentar contentarle, Susan no conseguía que su llanto cesase.
Cada noche, cada madrugada, el corazón de Susan se iba debilitando más.
Ya casi no le quedaban lágrimas por derramar.
Estaba vacío y frío. Apenas le quedaban unos días de vida.
Ella lo contemplaba apenada.
‘¿Qué puedo hacer yo por ti?’- se preguntaba una vez tras otra.
Una mañana, la encontraron muerta en su habitación con una carta entre las manos.
‘Hice todo lo que tuve en mis manos. Intenté encontrar alguna medicina que lo curara pero me fue imposible. Después entendí, que sólo las personas que nos rodean son capaces de curar una enfermedad tan grave como ésta.
Por favor, entreguen este mensaje a todos aquellos enfermos que cómo yo, sufran los sollozos de su corazón.’

1 comentario:

Dara Scully dijo...

No supo valorar lo que tenia.




un miau en una lata.