16 de febrero de 2009


Habitación luminosa. Claridad, privacidad.
La luz entra a través de las tupidas cortinas, envejecidas por el paso del tiempo, pero conservando aún parte de su blancura inicial. Si miras fijamente, parece querer atravesarte. Se enreda en tu retina y durante unos segundos juega con tu pequeña pupila.
La habitación cobra vida, los colores se recrean, desordenadamente ordenados, creando así un nuevo espacio, en el que poder disfrutar de cada una de las curvas de tu cuerpo.
Mi mano recorre tu silueta, dorada por los rayos solares que entran tras la ventana. Se eriza tu pelo.
Mi dedo serpentea alrededor de tus lunares, y encuentra un recoveco debajo de tu oreja que te hace estremecer.
Voy, aventurera, buscando sitios sin conquistar. Pruebo con mis labios de ti. Con mis manos. Con cada parte de mi cuerpo, que se une a ti como un imán que atrae el polo opuesto de otro.
La música fluye a nuestro alrededor. Es suave y lenta, como nuestros movimientos.
Calidez, humedad. Nuestro pequeño mundo en estado puro.

Después, tus brazos se hacen confortables para mí. Como una niña indefensa me dejo cuidar por ti.
Mi protector. Un héroe sacado de mi propia novela caballeresca.

3 comentarios:

La drogadicta de Trafalgar Square. dijo...

Qué románticona Laura! :]
La verdad es que se hace difícil imaginarte dejándolo todo por vivir tu libertad juvenil después de leer textos como este.

Un beso enorme.

La drogadicta de Trafalgar Square. dijo...

No creo que la edad tenga que ver con la forma de describir algo o los temas sobre los qué escribir. Eso va con la madurez mental.


Un beso Laura.

La drogadicta de Trafalgar Square. dijo...

Uff, no sé ._.
La verdad es que me encantan mis Telenovelas variadas, pero hacerlas libro sería para mí un suplicio, me gusta más los textos cortos. Pero sí tenía en mente coger algún día uno de estos argumentos para hacer novela :]

Gracias Laura!
Un beso.