Y no sé porqué. Porque es algo que me encantaba hacer.
Al escribir podía permitirme evadirme de cualquier cosa, de este mundo. Canalizar mis ideas y expresarlas mediante palabras.
Podía fantasear, soñar. Ya también plasmar los malos momentos.
Pero siempre había prisas.
¿Y para qué?
Al fin y al cabo vamos dejando en el camino aquello que más nos gusta por intentar alcanzar otras cosas que ni si quiera sabremos si seremos capaces de logarar. Porque siempre van por delante, burlándose de nosotros mientras volvemos a tropezar con la misma piedra e intentamos levantarnos.

Echaba de menos esto.

